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viernes, 20 de enero de 2017

CRITICA: ES SOLO EL FIN DEL MUNDO

Es sólo el fin del mundo

2016
Duración 95 min.
País: Canadá
Director: Xavier Dolan
Reparto: Léa Seydoux, Nathalie Baye, Gaspard Ulliel, Vincent Cassel, Marion Cotillard, Antoine Desrochers, Sasha Samar


Tras doce años de ausencia, un joven escritor regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que pronto morirá. Vive entonces un reencuentro con su entorno familiar, una reunión en la que las muestras de cariño son sempiternas discusiones, y la manifestación de rencores que no queremos dejar salir, aunque delaten nuestros temores y nuestra soledad. Adaptación de una obra de teatro de Jean-Luc Lagarce.



Crítica:

Juste la fin du monde (2016) de Xavier Dolan

Según Gabriel García Márquez “viajar es marcharse de casa, es vestirse de loco diciendo todo y nada con una postal, es dormir en otra cama, sentir que el tiempo es corto, viajar es regresar”. Esperanza 

Luego de doce años de mantenerse exiliado de su familia y de su casa de natal, Louis (Gaspard Ulliel), un exitoso escritor que padece de una enfermedad terminal, decide volver a despedirse de familia. Luego de un breve momento en donde una cálida sensación de sentirse “en casa” lo ilusiona, la realidad familiar comenzará cobrarle la distancia y recordarle el porqué de su alejamiento. Un espiral de rencores, egoísmos, celos y cansancios generan un creciente clima de claustrofobia familiar del cual el espectador difícilmente podrá escapar.

El momento oportuno para exteriorizar el motivo de la visita se pospone una y otra vez bajo la actitud expectante del protagonista ante los sucesivos raptos en los cuales se ve inmerso frente a la necesidad de los demás de transmitirle esos sentimientos que no entran en las postales cumpleañeras. Chocando frente a una olla a presión cargada de cobranzas e intolerancias que estallan uno detrás de otro en forma de monólogos desesperados por parte de su madre (Nathalie Baye), su hermana (Léa Seydoux), su hermano mayor (Vincent Cassel) y su cuñada (Marion Cotillard).

Los enfrentamientos por los cuales pasa el protagonista con cada uno de sus familiares, nos remite a un caso de Carl Jung en el cual una niña regala a su padre dibujos de sueños que tuvo. Para el psicólogo resultaban demasiado reflexivos y complejos para alguien de su edad: La niña se estaba acercando al fin de su vida. Jung lo interpreta como una manera que la propia vida encuentra de cerrar ciclos y permitir que la subjetividad se depare con aquello que todavía no había podido comprender. El Louis de Dolan vuelve a su hogar a enfrentar, más que los resentimientos familiares, a sus propios miedos. Miedos de los cuales había escapado cuando tuvo la posibilidad, y que ahora, con la el reloj consumido, no podría posponerlos para un futuro.

La película conserva un alma de la obra teatral de la cual proviene: Apenas el fin del mundo de Jean-Luc Lagarce, uno de los autores más respetados de Francia. Los primeros planos intimistas, los diálogos personales, los ambientes entrelazados en que cada uno de los personajes escoge como el lugar adecuado para acercarse a Louis confirman la decisión de Dolan de respetar el origen teatral de la obra. Las actuaciones del cotizado elenco, por su parte, están a la altura del relato.

Juste la fin du monde viene quizás a reafirmar el proceso de maduración del joven director de 27 años que consiguió el Gran Premio del Jurado el año pasado en el prestigioso festival de Cannes y que ya había dejado entrever destellos de grandeza en películas como Mommy o Les amours imaginaires.

“La próxima vez intentaremos estar mejor preparados” promete la madre ante un fugitivo escritor. El público, por su parte, esperará una nueva entrega del director canadiense con expectativas más altas que otras veces.

PUNTAJE: 8

Por Tulasi Resende y Lautaro Actis

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